CUADERNO · Nota final · El peso del silencio
Dos nombres en un muelle
La tarde del 9 de febrero de 2024 hacía buen tiempo en el puerto de Barbate. Había gente paseando por el espigón. Familias con niños. Una luz baja y limpia que no pedía abrigo.
A las ocho y veinticinco de la noche, una narcolancha de catorce metros de eslora, propulsada por cuatro motores fueraborda de trescientos caballos cada uno y equipada con antena satelital, entró en el puerto. Seis agentes de la Guardia Civil llevaban un rato comprobando la presencia de seis lanchas que se habían refugiado allí del temporal. Una de ellas, la de Karim El Baqqaly, hizo varias aproximaciones a la patrullera. Se alejó. Volvió hacia ella a toda velocidad. No desvió la trayectoria. Embistió. Y embistió de nuevo. Hasta seis veces.
David Pérez Carracedo, cuarenta y tres años, nacido en Barcelona, residente en Navarra, Grupo de Acción Rápida. Miguel Ángel González Gómez, treinta y nueve años, natural de San Fernando, Cádiz, buzo del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas. Las dos familias se enteraron por televisión.
Las imágenes salieron en todos los telediarios. La palabra «consternación» se gastó por un tiempo. Después siguieron pasando cosas en otros sitios.
Hay un patrón que ya conocemos. Un guardia civil muere haciendo su trabajo. Las cámaras llegan. Los políticos hablan. Las flores se acumulan en algún cuartel y luego se las llevan los servicios de limpieza. Y a las pocas semanas el país ha olvidado los nombres, aunque conserve vagamente la imagen del muelle.
Pero los nombres importan, porque son lo único que las viudas tienen para repetirles a los hijos cuando los hijos pregunten quién era papá.
David Pérez Carracedo. Miguel Ángel González Gómez.
Veintisiete meses después, el piloto de la narcolancha sigue en prisión provisional. Los otros tres tripulantes están en libertad bajo fianza. La Fiscalía pide ciento diecinueve años de cárcel. Se va a juzgar con jurado popular en un juzgado de Barbate, en un pueblo de Cádiz donde el narcotráfico sigue siendo, según los datos del Ministerio del Interior, lo que era: el negocio que no se cierra.
En el distrito de Hortaleza, en Madrid, hay un parque que lleva los nombres de los dos. Si vives en el barrio, lo cruzarás alguna vez. Si pasas por allí, párate un segundo y léelos.
Es lo menos.